Te llamaron Reyna.

Dedicado para: a una pequeña niña inocente.


Este poema lo dedico a una niña que el 25 de octubre de 2008 conocí, y me dió una gran lección, a veces pensamos que nuestros problemas son los más grandes y nos ahogamos creyendo que somos los que más sufrimos.
Sin embargo hay dolores casi invisibles, dolores que queman el alma.
Mi hija se llama Reyna también, y cuando decidí ponerle ese nombre, lo hice porque al verla nacer sentí que iba a ser la Reyna de mi corazón, mi tesoro, mi niña, y como tal jamás me ha gustado verla sufrir y no concebiría que tuviera una experiencia así.
Por eso cuando supe el nombre de esta niña, sentí confundirse a mi corazón, porque en mi no cabe llamarla de ese modo, para ofenderla, agredirla y maltratarla a ese grado.
Aunque ahora solo me queda expresarle mi respeto y admiración, ya que al verla sonreir, pese a sus malas vivencias, sé que aprendí que NO IMPORTA CUANTO MAL EXISTA, SI SE PUEDE VOLVER A SONREIR.

Te llamaron Reyna.

Cuánto dolor había en sus heridas!
heridas quizá ya viejas...
la observé con ese sentimiento,
ese que anuda la garganta.

Y sin embargo me pregunté...
si ella era más fuerte o yo,
más ahora digo.. no sé, no sé,
pues sonreía más que yo.

Me pregunté cuánto sufrió,
me pregunté el martirio
de cada día, su terror, calvario
cada hora sin dormir, qué se yo.

Qué te llevó niña a ese dolor?
quién pudo sin alma lastimarte así?,
cicatrices en tu piel sanaron,
pero el alma, sangra aún por ti?.

Te llamaron Reyna como majestad,
pero te maltrataron como esclava,
envidiaron la pureza de tu alma,
pero fué más fuerte tu corazón.

Triste fué la cruz que cargaste
y agradezco a Dios que te salvaste,
ojalá pudiera lavar con mis lágrimas,
la crueldad que en tu ser guardas.

Solo un día conviví contigo,
pero bastó para que de ti aprendiera
que quizá puede dañarnos cualquiera,
pero Dios te abraza y da cariño.

No sé que será de ti mañana,
ruego porque conserves tus sonrisas,
que te aguarde un ángel al alba,
y sigas dándonos más lecciones.

Mi corazón sangró al conocerte,
miles de lágrimas aún no derramo por ti,
sé que de mi corazón te llevaste
un pedacito, para compartir el tuyo
con tus sonrisas que Dios me dió.

Autora: Lety Ave

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